Fuga del Chapo Guzmán, una obra de alta ingeniería

Quienes hemos dirigido un trabajo de topografía para túneles, somos conscientes de la complejidad de esta disciplina, la fatalidad que representa un segundo de imprecisión en 1,500 metros y todas las medidas de seguridad que se deben tener.

Entre el penal de El Altiplano y el predio en donde se encuentra el inmueble en obra negra, en donde desemboca el túnel por donde escapó Joaquín Guzmán Loera, existe un espejo de agua que obligó a los constructores a excavar hasta los 30 metros de profundidad.

Fuentes cercanas a las investigaciones explicaron que el túnel construido para la fuga del líder del Cártel del Pacífico no es una “línea recta”, entre el penal y el predio con el boquete de salida, sino que presenta ondulaciones que les permitieron a los constructores librar algunas irregularidades en el terreno.

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Además de ingenieros, en la construcción de la obra subterránea ​participaron otros especialistas como topógrafos y geólogos para conocer las características del terreno y no enfrentar riesgos mayores.

Las investigaciones que realizan los peritos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) han permitido conocer que el terreno de la zona está conformado principalmente por tepetate.

Además, la mayor parte del túnel se construyó aplicando la técnica de “cúpula” lo que le permite mayor resistencia, y sólo en muy pocos tramos fue necesaria la colocación de cimbra para soportar las paredes.

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Otros detalles que se revelaron fue que el tiro de entrada al túnel, desde la celda de El Chapo, la número 20 del pasillo 2 del Centro de Tratamientos Especiales, es de aproximadamente diez metros de profundidad y cuenta con una escalera de madera para llegar al fondo.

Por otra parte, el boquete de salida al predio en la colonia Santa Juanita es de siete metros, en donde también se cuenta con una escalera para salir.

Pero en este extremo del túnel también está instalada la polea mecánica que, con el apoyo de un motor eléctrico, los investigadores creen que se sacó la tierra para la construcción del pasadizo y el mismo mecanismo se habría utilizado para sacar al capo hacia la libertad.

Los trabajos de medición realizados por los peritos de la PGR han logrado establecer que a lo largo del trayecto de 1.5 kilómetros, en algunos puntos, el túnel alcanza profundidades de diez, 15 y 30 metros como máximo, bajo el cuerpo de agua.

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Una pena que semejante obra de ingeniería sea partícipe de toda una estrategia de corrupción y complicidad, sin la cual no hubiera podido pasar desapercibida.

A simple vista, nada hace sospechar que esta edificación de concreto y en obra negra se convirtió en el centro de esta meticulosa operación que permitió la fuga del líder del cártel de Sinaloa de su celda de la cárcel Altiplano I, en el municipio de Almoloya del céntrico Estado de México.
La construcción se conforma de una vivienda con algunas recámaras y de una suerte de bodega (almacén), desde donde se entra a este túnel que llega a más de diez metros de profundidad y se extiende 1,5 kilómetros hasta llegar, con una perfección milimétrica, a la regadera (ducha) de la celda donde estaba recluido el capo tras su detención en febrero de 2014.
En este precario cobertizo, con un techo de aluminio desde donde se filtra el agua, destaca un boquete en una de las paredes que apunta directo hasta el penal.
No cuesta imaginar a los secuaces del capo vigilando cualquier movimiento de la cárcel y, a su vez, ambicionando día tras día un exitoso final para esta obra de ingeniería que, por su complejidad, debió involucrar a arquitectos, geólogos e ingenieros.
Aunque actualmente una cincuentena de investigadores de la Fiscalía mexicana trabaja en la zona buscando cualquier pista adicional, una visita al lugar permite obtener detalles, mínimos pero llamativos, de la operación de escape orquestada.
En la bodega y pegada al acceso al túnel, se encuentra una carretilla con tierra y un radial, las únicas referencias visibles a los miles de metros cúbicos de material que se tuvieron que sacar durante estos meses.

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Un misterio, el de qué paso con las toneladas de tierra que sacaron del túnel y que los vecinos dicen no haber visto, que como tantos otros en este caso que ha indignado la opinión pública está todavía por resolver.
La carretilla, junto con varias bebidas a medio terminar, hacen pensar que, hasta el último minuto, se estuvo construyendo la escapada del capo, que tuvo lugar a las 20.52 hora local (01.52 GMT) del 11 de julio y supuso la segunda vez que Guzmán escapa de un penal de máxima seguridad mexicano.
Además, el almacén alberga varios polines (barras) de madera, probablemente utilizados para soportar la perforación, además de un agujero en el suelo que se utilizaba para la ventilación.
Ya bajo tierra, se halla un primer espacio a unos dos metros de profundidad, de unos quince metros cuadrados, que servía de antesala al estrecho túnel construido y está repleto de barras de madera y un gran generador de luz, con capacidad para alumbrar la extensa obra.
Además, una polea eléctrica que, según relataron a Efe miembros de la fiscalía presentes en la obra durante esta visita organizada a medios de comunicación, era utilizada para sacar la tierra excavada del túnel que empieza una decena de metros más abajo.
Tras descender una veintena de peldaños de madera de una estrecha escalera, comienza este túnel que, indudablemente, ya forma parte del imaginario colectivo del país.
De aproximadamente un metro setenta de altura y casi un metro de ancho, cuenta con tuberías de ventilación e instalación eléctrica y en él se aprecian las bombillas que sirvieron para alumbrar la oscuridad de este conducto.
Sorprende la instalación, pues a pesar de estar bajo tierra, por lo menos en los primeros metros que abrieron a la visita, el aire se respira todavía fresco una vez encendido el sistema de ventilación.

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Al comienzo del túnel, cuyas paredes de tierra se deshacen entre los dedos y alertan de la fragilidad de la obra, se observa la ya famosa motocicleta que, presuntamente, el capo utilizó para huir con rapidez tras escapar por el orificio de 50 por 50 centímetros abierto en su celda.
A este mismo vehículo, marca Italika, con un depósito extra de gasolina a medio cargar en su parte superior, se acoplaron dos carritos que se usaron para sacar la tierra con más facilidad, y en un rincón de este diminuto espacio también se observa un pequeño montacargas todavía con varias baterías móviles.
Además de dar detalles sobre esta milimétrica operación de fuga, la visita al túnel también regala anécdotas.
Por ejemplo, sobre las largas horas que los empleados de esta obra -se estima que por el tamaño del conducto no pudieron ser más de dos excavando y dos apoyando desde la entrada- pasaron bajo tierra.
En la parte inferior de la escalera que desemboca en el túnel, en un trozo de pared, sorprenden dos dibujos y un escrito, en color azul, y varios garabatos en rojo.
Una cruz con el acrónimo INRI, una caricatura de un hombre con gafas de sol y largos bigotes y la frase “Lo Berde es Bida, cabrones pura mota (marihuana)”.
Aunque probablemente fruto del aburrimiento, estos dibujos pueden adquirir otra dimensión en esta gran historia por fascículos que es la fuga de “El Chapo “.
Un evento que ha puesto en jaque al actual Gobierno de Enrique Peña Nieto, evidenciando la corrupción del sistema y dañando su imagen internacional. Y que ya ha marcado el país para siempre.

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