El valor del software

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El precio está en la caja, el costo en nuestra motivación, la utilidad en el uso que le damos, el valor en nuestra apreciación.

Este es un tema bastante sensible, dependiendo del punto de vista de quien lo dice, a que se dedica y quien paga sus gastos; generalmente asociamos lo que vale un software con su etiqueta seguida del símbolo de dólar, muchas veces inalcanzable para mercados pequeños o porque lo comparamos con otros de contexto no exactamente igual. 

Soy un creyente firme que las licencias open source son una tendencia irreversible, y que dentro de unos años (si no es que ya está sucediendo) tomarán una buena proporción del mercado en la mayoría de nichos del mundo tecnológico, de forma sostenible (que no está sucediendo).  Pero que un software sea libre, no implica que se acabará el hambre de a humanidad.  La implementación, innovación, capacitación y actualización tienen un precio que debe ser pagado por alguien; y al final el software comercial debe existir para hacer comerciables las tendencias.

Cuando esta mañana escuchaba de voz de Greg Bentley, cuantos millones de dólares han acumulado en 25 años con su software Microstation & family, puedo tener como primer pensamiento una sarta de barbaridades no aptas para este espacio.  Pero cuando hacemos cuenta que este es el precio de quien innova, sobre la segunda piedra de otros y en compañía de muchos más, terminamos reconociendo que es una recompensa a su esfuerzo, que no hicieron sus 23 compañeros de universidad (entre ellos yo, o mi padre).

Todavía es probable que pensemos que este mérito se lo llevan porque muchos han consumido y perfeccionado sus herramientas.  Cierto, pero también otros han hecho sus propias ganancias, que por ley de la vida hubieran logrado con cualquier otro software, en mayor o menor proporción pero casi seguro que con similar esfuerzo.

Así que, si somos críticos de los precios del software, de sus limitantes ante nuestras demandas, calidad de servicio o inclusive de sus locas políticas; también debemos ser conscientes que podríamos estar comiendo gracias a su existencia; sea en su uso o con la competencia.

AutoCAD consume mucha memoria, Bentley es poco intuitivo, gvSIG avanza demasiado lento, ESRI es muy caro, Windows es anticuado, Manifold muy poco conocido, Google Earth extremadamente impreciso…

El pesimismo no ha ganado muchos premios en la historia, hacer al troll es de lo más fácil (y a veces delicioso), pero siempre (casi) es posible encontrar una perspectiva de “ganar–ganar” dentro de la cadena del valor agregado de las relaciones:

-Mis éxitos son resultado de mis técnicos, los exploto a morir pero también con sus ingresos han hecho crecer su hoja de vida y pagado sus cuentas.  Al final he aprendido más de sus habilidades que ellos de mi poema, algunos  llegarán más lejos que yo, porque tienen mucho potencial.
-Ellos sacarán provecho de su historial, aunque yo sea quien recibo aplausos ahora; no entender esto puede decantar en celos profesionales o frustración.  Pero luego ellos tendrán sus éxitos ,yo lo disfrutaré y esta es una cadena que le debe suceder a quien ahora es mi jefe.

Algo parecido le sucede al software:

-Bentley hace mucha plata y a cambio me da un premio de $300, pero con sus herramientas he alimentado mis chicos, desarrollado conocimiento, y experiencia.
-AutoCAD monopoliza el mercado global, pero gracias a su popularidad tengo muchos alumnos en mi aula dispuestos a pagar y muchas visitas buscando como darle uso e incluso como hacer correr el keygen.
-ESRI no respeta algunos estándares de la comunidad, pero el SIG le debe mucho a su agresividad e ir a una conferencia en San Diego me ha inspirado en la motivación que pueden tener las masas.

Dependiendo de lo que hacemos, podríamos tener pensamientos pesimistas respecto a las marcas ESRI, Bentley, AutoCAD, gvSIG, Google Earth o Windows.  Pero ellos son producto de alguien que tuvo la iniciativa de crearlos de la nada, o a partir de ideas muy primitivas a lo que son ahora.  Una buena porción de lo que comemos a diario se debe a su existencia, la suma de tu persistencia, innovación y deleite de la vida hacen que todos ganemos.  El camino es el precio, el logro es el valor.

Dame el nombre del software que menos te simpatiza… bueno, si no fuera por él,  quizá no tendrías tus conocimientos y te sobrarían los 8 minutos que llevas leyendo este post, porque este blog quizá no existiría.  En conclusión, el valor del software estará en la productividad que logremos con cuanto hemos invertido en él, sea mucho, poco, económico, histérico o emocionante.

2 Replies to “El valor del software”

  1. De acuerdo, algo de la agresividad del software comercial de grandes empresas se aprovecha de su posición y daña no solo las instituciones sino a los usuarios que consumen sus productos.

    En cuanto al software libre, la apuesta debe seguir, aunque se debe considerar seriamente la sostenibilidad. Todos hemos visto herramientas construidas por diferentes vías, haciendo casi lo mismo, de cuatro una se sostiene y las otras se vuelven obsoletas y mueren. No que sea malo, pero cuesta tiempo, iniciativa… y al final plata.

    Es bueno la madurez que han logrado las licencias libres, aunque hay trabajo que hacer aún para consolidar esfuerzos (no tanto en el caso de SIG) pero sí en otras ramas.

  2. Creo que el tema del valor o cobro del software privativo es una discusión un tanto artificial. El planteamiento del software libre apunta a impulsar el desarrollo y uso de aplicaciones libres (la mayoría gratuita) pero no a criminalizar a empresas y servicios (caso contrario es cuando dichas empresas despliegan acciones ilegales y de corrupción para acrecentar sus ganancias o el dominio del mercado, violando las legislaciones antimonopolio de los países).
    Creo que nunca se ha cuestionado el que se deba pagar por determinado software. Lo que se ha denunciado es la falta de alternativas que permitan mantener una libertad (uno de los valores fundamentales en los actuales modelos económicos) para elegir, usar y producir (léase licencias que no restrinjan excesivamente mis derechos sobre el producto de mi trabajo, o mi libertad de elección de determinada herramienta tecnológica).
    La respuesta a este dilema es el derecho a crear e introducir al mercado nuevos productos alternativos a los existentes, que complementan la oferta del mercado con nuevos tipos de licencia y nuevas características y precios, reafirmando la libertad de elección de consumidores y usuarios.
    Si el problema fueran los productos comerciales existentes, las empresas que lucran con ello y su excesivo valor, lo que correspondería sería el subsidio estatal para la adquisición de software propietario o la nacionalización de las corporaciones y empresas productoras de software. Idea absurda, por supuesto, que nunca han propuesto la FSF u otras organizaciones. Por el contrario, el objetivo siempre ha sido la creación de nuevos productos y servicios alternativos.

    Saludos.

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